Mi cumpleaños siempre ha estado rodeado de esas noches de agosto en las que hay lluvia de estrellas. El año pasado parece en que vez de darme un refugio de magia, se metió toda mi suerte en un agujero de gusano y vete a saber por donde anda. Pero una servidora es optimista de naturaleza y creo que este año la buena fortuna va a volver a mi. Eso espero, porque con 37 años, soltera, un trabajo con el que no llego a final de mes y envuelta de catarsis en mi circulo social, o me ayuda un poco el cosmos o me tiro debajo del primer meteorito que venga a estrellarse.
