Este año la temida vuelta al trabajo después de las vacaciones es aún peor. Aparte de tener que lidiar con la temida depresión de turno, esta vez afronto un traslado de mis oficinas. De estar a media hora de casa en pleno Eixample Barcelonés, he pasado a tener que hacer el camino de Santiago de ida y de vuelta para llegar a la nueva ubicación.
He quedado con mi amigo media hora antes en la cafeteria de la gasolinera que nos queda más cercana. Él es como yo. Una víbora pelirroja con el que bebemos y fumamos sin concesiones. Y con él me dirijo a las oficinas. Al nuevo y asqueroso sitio. Y los compañeros te saludan efusivos y te dicen: «que bien te han sentado las vacaciones».
Otros putos mentirosos. Analicemos mi aspecto post-vacacional:
- Mi color blanco vampiro ahora es similar al de una pechuga de pollo vuelta y vuelta en la plancha.
- Tengo la cara llena de pecas y parezco Candy Candy (os hablaré de ella, es la culpable de que yo sea la reina del drama).
- Tengo las piernas llenas de picadas de mosquito ( mi sobrina y yo somos las más afectadas y el 80 % de los ataques a nivel mundial nos los repartimos entre ella y yo)
- Parezco un panda (ojeras). Di cien vueltas en la cama a causa de los nervios de la vuelta al cole ( o más bien por la mala leche de la vuelta al cole) y no he dormido nada. Ninguno de mis correctores/cemento han podido con ellas.
- Barriguita cervecera: Las 150 unidades de caña/tercio/quinto que me he bebido durante las vacaciones han dado sus frutos y ahora parezco embarazada.
- En resumen: Estoy hecha un maldito adefesio. Que mal me han sentado las vacaciones coño.
¿Os había comentado que mis compañeros de trabajo son bastante tocacojones y cotillas? Pues uno de ellos me pregunta gritando: «¿Te ha traído ese que dices que no es tu novio?». Y con mi mirada de odio le dejo claro que nunca más deben nombrar al Sr. Calcetín.
VIVA (Los Punsetes)
