Estoy en el sofá con el teclado encima. Debo hacer una reseña de un concierto ( a veces hago eso) y no soy capaz de escribir una frase seguida. Los domingos siempre aturden y las cervezas de los dos últimos días pasan factura.
Si, la música es una parte muy importante en mi vida. Gran parte de culpa la tiene mi querido hermano, con el que me llevo 11 años. Según dice mi madre, le costó mucho quedarse embarazada de mi, por eso nos llevamos tanto tiempo. Lejos de ser un inconveniente, para mi fue una salvación. Cuando iba a escuchar alguna mierda comercial de las que invadían mi colegio, mi hermano me llevaba a su habitación y me ponía alguno de sus discos. Así que con diez años cantaba Siniestro total, por ejemplo. Esta influencia se extendió hacía otros ámbitos. Sus libros, sus cómics, sus películas. Absorbía todo su mundo cultural, a veces incluso de escondidas, porque había cosas que aún no debía ni ver, ni leer. Así que pasé a ser un niña con «gustos raros». Mientras mis amiguitas del colegio se volvían locas con Alejandro Sanz, yo me volvía loca con Violent Femmes. Cuando todas se forraban las carpetas con Sensación de Vivir, yo lo hacía con Star Wars. Por suerte nunca me marginaron por eso, el máximo feo que tuve es que nunca me dejaban poner mis cassettes en el autocar cuando íbamos de excursión. Y yo sólo pensaba, «No sabéis lo que os perdéis».
A día de hoy, mi hermano es padre de dos niños que tienen un carácter y una personalidad tremendas (¿que voy a decir yo?). El otro día escuché a la enana canturreando Espíritu Olímpico de los Planetas. Que tierna ella, esa mini indie de ocho años. Me reí un poquito de ella y le dije que escuchaba la misma música que su padre. Y ella, rebelde y protestona por naturaleza me dijo: Noooo! a mi me gusta Taylor Swift!!!!!. Y se fue por el pasillo mientras seguía tatareando a los granaínos.
Estoy segura que dentro de unos años también va agradecer tener un padre con un gusto musical tan bueno aunque ahora reniegue de ello.
ESPÍRITU OLÍMPICO (Los Planetas)
