El otro día, mi amiga la Señora Estructuras me decía: «Estoy hasta el coño del Tinder, me siento como un producto. Los tíos tienen una nevera llena de hembras y escogen y descartan con una facilidad que me parece aberrante». Sí, tiene razón. Yo misma estoy segura que he obrado con esta frialdad alguna vez. El Tinder es maravilloso para pasar el rato y encontrar sexo sin tener que pasearse por los bares. Ha facilitado las cosas a muchas personas con dificultades para poder acceder a simples ligoteos. Pero nos ha convertido en auténticos monstruos. El valor de conocer a alguien interesante se pierde porque hay «otro que aparece» que nos motiva más. Somos consumistas patológicos de nuevas emociones. Y cómo adictos al uso hemos dejado de interesarnos realmente por las personas que pasan por delante. Porque hay más. Porque hay un super lleno. De productos, novedades, de estimulaciones nuevas. En vez de estimar lo que ya tenemos. ¿En qué cojones nos hemos convertido?
Con mi adorada madre la relación ha cambiado con los años. Ahora tenemos algo más íntimo, aunque nunca he llegado a contarle la cantidad de muchachos que pasan por mi vida. Ella suele ser discreta con estos temas y abre poco la boca, pero cuando lo hace, la clava. Hace poco me decía: «Ahora no lucháis por nada. Habéis dado un salto perverso con lo que respecta a las relaciones. En mi época había personas que toleraban cosas que no debían, pero de esto habéis pasado a no aguantar nada. A la mínima que algo no funciona, os retiráis. Y eso me parece horrible y superficial».
Que jodida razón tiene la mujer. ¿Cuántas relaciones han terminado porque a la mínima que algo que no nos gustaba salíamos corriendo? ¿Cuantas personas nos hemos dejado perder porque teníamos una mala semana? ¿Por que nos hemos convertido en seres tan frívolos que descartamos a la mínima? ¿Que hay en la vida que valoremos de verdad?
Si reflexiono sobre esto, me doy cuenta que no quiero ser así. Que maldigo las veces que he pasado de alguien de la noche a la mañana porque en Tinder tenia un match más interesante. Y aunque esta tendencia seguirá y seré víctima de este jodido consumo humano que aborrezco, tengo la esperanza que quizá alguien no quiera cambiarme por una novedad u ofertón. Que se fidelice al «producto» que ofrezco y quiera conocerlo en todas sus facetas. Y sino me compró yo misma. Al menos me voy a respetar por todo lo alto.
LA FÁBRICA DE LAS GUAPAS (Murciano Total).
