ET. Mi casa.

No tengo pareja (¿Y qué?). Pero sí tengo una familia. Y no me refiero a esa que está a 150 km, que se compone de madre, hermano, sobrinos y demás. Me refiero a la que está cada día en mi casa. Vivo en una especie de matrimonio. Con un hombre que me quiere, me ayuda, me escucha, con el que a veces duermo pero con el que no tengo sexo. Una situación muy normal para muchas parejas que llevan muchos años y que están en una relación desgastada. Pero lo nuestro es diferente. No somos pareja, ni nunca lo hemos sido. Más que nada porque a él le gustan los hombres más que a mi. Pero eso no ha sido ningún impedimento para crear una unidad familiar de lo más molona.

Tenemos una hija. Pesa 25 quilos, tiene mucho pelo y es muy cariñosa. Los dos nos desvivimos por ella. La paseamos, la peinamos y le damos de comer. Y ella tan feliz. En resumidas cuentas, somos una pequeña familia que respira amor en todo momento.

Mi marida ( así le llamo) mantiene una gran cantidad de relaciones sexuales y esporádicas. Nunca se quedan a dormir, nunca crea un vínculo. Rara vez se toma una cerveza con ellos. Es un encuentro puramente sexual. A veces le he preguntado si no le apetece tener pareja. Y su respuesta es clara. La parte emocional se la lleno yo y el resto de amigos. Y la parte sexual la tiene cuando quiere y como quiere.

Durante todos estos años he tenido alguna que otra relación. Con las que nunca me he planteado vivir. En parte por un miedo atroz de que un día se les gire la cabeza y se esfumen ( » de un día para otro» es trending topic en mi vida) y la otra es porque no quiero romper mi puta familia. No habrá muchas más felices que nosotros. Os lo aseguro.

FAMILIAR (Agnes Obel)

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