El metaloquismo.

37 años.

Las cosas ya no son como cuando tenia 20. Por suerte. Pero mi cuerpo y mi cara tampoco son como entonces.

Con 10 años la regla apareció en mi vida. Nunca olvidaré como eran las bragas que aparecieron manchadas de sangre. Y mis padres tampoco olvidaran lo que es tener una hija repleta de hormonas, claro.

Mis caderas se ensancharon. Era el vivo retrato de la diosa de la fertilidad. Que mal llevaba ver mis amigas que usaban la talla 36 y yo con mis curvas de la muerte.

Así que me pasé muchos años odiando mi culazo. Joder. Quien lo pillara ahora.

A los 37 comes agua y se te pone en el culo. Y como no hagas 32 horas de steps cada día no vas a poder sacarte ese quilo que has cogido comiendo solo grelos.

Yo trabajo, estudio, quedo con amigos, voy a conciertos, me ocupo de las tareas del hogar. Y encima tengo que sacar dos horas al día para tener un cuerpo normativo. Pues no.

Ejercicio. Si coño. Es necesario para sacar los humos oscuros. Yo ando una hora cada día. Y hago unos 20 sprints en la oficina cuando corro porque se ha vuelto a atascar el papel en la impresora.

Pero para tener un cuerpazo según los estandares sociales deberia coger el paro y vivir en el gimnasio. O no dormir y pasarme ocho horas haciendo bici. Oye, pues no.

Me importa mi vida. Así en general. No solo mi cuerpo. Si me obsesiono solo con eso ya puedo pedir hora para cirurgías estéticas ( así, en plural) para que me estiren mi piel como si tuviera 16 años. Para que mis tetas vuelvan a no ser víctimas de la gravedad. Para intentar ser atractiva sin tener en cuenta el paso del tiempo.

Ai no.

LAS MIL CALORÍAS (Martirio)

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