…»A mi me gustan las chicas jóvenes porque están menos amargadas que las treintañeras, son más inocentes y más fáciles». Estas fueron las palabras que me soltó el otro día un amigo.
Pam. Pensé enseguida en mis últimos intentos de avanzar con un chico. Igual si es verdad que tengo menos paciencia ahora que hace diez años, pero os aseguro que también me he librado de varios disgustos innecesarios. Igualmente, las palabras de mi amigo me hicieron pensar. ¿Estaba sobrepasando los límites de ser exigente? ¿Era demasiado fría? ¿Puede que sea una amargada?. Si es cierto que muchas veces en Tinder me han dejado de hablar porque dicen que soy fria, dura, esquiva…¿Me estaré convirtiendo en una ermitaña del amor?
Me lancé rapidamente a mi grupo de amigas para plantearles mis temores. Sabía que si realmente era la reina del hielo me lo iban a decir claramente. Tras muchos debates, estas fueron nuestras conclusiones:
- Con veinte años si un chico te «comia la oreja», confiabas ciegamente en su prosa empalagosa y romántica. Ahora todo lo pones en duda tras las experiencias tuyas y de tus amigas.
- Con treinta y pico tienes la intuición por las nubes. Sabes de sobra quien te marea, quien va a desaparecer y quien quiere aferrarse a ti cual psicópata. Ojalá nos equivocáramos. Pero cuando algo nos huele mal, es por algo. ( este hecho esta probado por situaciones reales en las que hemos tenido la razón en el 99 % de los casos).
- Solemos hacer pocos experimentos. Sabemos de sobras cuando sientes ese «je ne sais quoi» porque el que avanzarías en una relación. Si no lo sientes, ¿para que perder el tiempo?
- Y que si coño. Que actuamos diferente que las de veinte. Y esto no es una crítica hacia ellas. Que todas hemos pasado por las mismos tramos de la vida.
- Y que no somos unas amargadas, simplemente tenemos las cosas más claras y desprogramado de nuestra mente los mitos de Disney.
I’M WOMAN ( Helen Reddy)
