Rojo mate.

Me acuerdo perfectamente de las bragas de ese día. Eran de algodón y llevaban amapolas. También recuerdo que estaba enferma y estaba en casa con mi abuela. Ella supo de que le hablaba en el momento que la llamé des del baño.

Dos manchurrones rojos en mis bragas. A mis diez años.

Me pasé ese día llorando, no estaba nada contenta con mi nuevo yo. Veía anuncios de compresas y lloraba. Pero lo peor estaba por venir. Dolores, calambres y pánico a rebelar mi secreto. Yo quería ser como las demás, no quería ser la primera niña de la clase con la regla joder.

A esas alturas yo aún no sabia del todo como era mi sexo. Si, sabia que había varias cosas entre mis piernas, pero no es lo mismo ver fotos en clase que experimentar. Así que en mi primer verano, con lo monstruo marino que era, recurrí a los tampones para poderme bañar. Ponerse uno era una odisea. Tiraba cinco para llevar uno durante diez minutos porque lo tenía tan mal puesto que me escocia todo. Encima con los aplicadores de antaño que eran como mini rollos de wc que se atascaban. Pero de todo se sale y eso me sirvió para estar más de una vez en los baños del instituto ayudando a una pobre desgraciada con su primer tampón. Y de paso también me sirvió para mi primera masturbación.

Con 28 años de reglas a mis espaldas, si sumo lo gastado en compresas/tampones/saldeva/ibuprofeno, tendría para la entrada de un piso. Y eso que es un producto de primera necesidad. Femenina. Ahí está el tema.

Y siguen los tabús al hablar de la menstruación, como si fuera una enfermedad asquerosa de las que te has contagiado por inconsciente. O una maldición que se lanzó a todas las mujeres de la tierra. Pues no. Nuestra regla es un saneamiento del cuerpo. ¿Que a veces no es agradable? Por supuesto. Muchas. Pero nunca me voy a avergonzar de tenerla. Mi regla. Con sangre rojo mate.

HOT MESS ( Girli)

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