Heroina Digital.

Ayer me encontré una conocida a la que hacia tiempo que no  veía.

– Me he casado tia!

Ostia. Se ha casado. Y ella tan contenta. Yo que tengo un fondo romanticón le pregunto cómo se han conocido. Me encanta escuchar estas historias con final feliz. Ella me suelta que se conocieron por Tinder y viendo mi cara me dice:

– Oye! Yo que siempre he pensado que eres abierta de mente y te resulta raro que lo haya conocido en una aplicación!

No, no eso, claro que no. Simplemente me asombra que haya nacido algo duradero de este tipo de sitios. Hace aproximadamente un mes leí un libro de Judith Duportail, que después de una ruptura decidió apuntarse a tinder. Su vertiente de periodista le hizo investigar y aprender dos cosas: La primera, sobre el algoritmo que usa esta aplicación. La segunda, mucho peor. Nos encontramos en una generación de retraídos emocionales. Siempre buscando a alguien mejor, más atractivo, con más feeling, otro, otro, more, more. ¿Por qué acabamos desechando con esta facilidad?.

Alguien me preguntó el otro día qué opinaba sobre este tema. Me surgió decirle algo  como que yo era muy válida. Cuando en realidad lo que quería decir que no me gustan que me traten como un match más, como la cita de la semana. Quiero a alguien que se siente delante y piense que realmente le apetece conocerme a mí, aunque el final de esto no se transforme en amor.

Definitivamente no estoy hecha para este mundo. Es como una droga mal hecha. Empiezas disfrutando de ella y con subidones e inyecciones de autoestima que te provocan una adicción placentera que pronto nos convierte en autómatas deslizando perfiles sin mirar y casi olvidando nuestra condición humana.

LE TEMPS DE L’AMOUR (François Hardy)

 

 

 

 

Deja un comentario