Entre Murallas ( día 8-9-10)

Los cambios en la residencia no paran. Me voy a casa y cuando regreso hay movimientos entre plantas y casi siempre aparece un usuario nuevo. El Covid no cesa y en los centros donde viven normalmente es importante aislar los positivos para que no se infecten todos.

Los nervios se caldean con el tema del tabaco. Marta, Enrique y Fermín fuman. En su día a día no hay limitaciones con la adicción pero en la residencia las cosas son diferentes. No tienen libertad de movimientos a causa del Covid así que los cigarros se reducen a tres diarios. Les proporcionamos chicles, parches y acompañamiento psicológico pero igualmente hay momentos en que se desesperan. Fermín llora como un niño, llama a su madre, le grita que lo tenemos secuestrado. Su madre intenta convencerme de que lo deje de fumar más, pero le explico que no puedo dejar que Fermín se pasee por la residencia todo lo que quiera. Es un recurso sociosanitario de urgencia. Marta aún lo lleva peor. Tiene un ataque. Vuelan por encima de mi cabeza cojines, lápices, lo que tiene a su alcance. Finalmente se calma, se disculpa y se pone a llorar. Su novio tiene el Covid y está muy asustada. Ya ha tenido muertes en su entorno y ahora sufre por él. Enrique lo lleva algo mejor. Pide fumar pero asume cuando le digo que no le toca. Me doy cuenta que cada día debo explicar en la situación que nos encontramos. Le enseño videos, noticias, hablamos, pero cada media hora me dice que se va al bar a tomarse una coca-cola.

Empieza a venir la calor. Es asfixiante trabajar con los EPIS y esta temperatura. Cuando me saco el buzo después de doce horas huelo a vertedero.

 

 

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