Entre murallas (día 12-13-14)

A pesar de la calor, el engorro del EPI y la amenaza constante de trabajar mano a mano con el COVID, mi estado de ánimo es bueno.

Cuando empecé a trabajar en este recurso de urgencia, muchos de mis amigos y familia me reconocían un mérito que a día de hoy no sé ver aún.  Lo que sí tengo claro es que mi mente agradece a diario poder estar con mis usuarios aunque lloren y se desesperen. Hay una humanidad en ellos que no se encuentra con facilidad en el «mundo abierto». Por mucha enfermedad mental o discapacidad que tengan, lo que prima por encima de todo es que son personas auténticas. Y mejor que el resto del mundo no los intoxique con sus banalidades y egoísmos.

Llegué al centro llena de estrés por la situación que estamos viviendo y acarreando varios días de bajón. Casi un mes más tarde me siento más viva. Y es todo gracias a ellos.

Trini, Pili y Mili dan ganas de que te las lleves a casa. Son adorables. Muy diferentes entre sí, aunque a las tres les encanta hacer manualidades de todo tipo. Trini es la más mayor y siempre lleva el bolso y monedero encima. Pili llegó con una corona de papel que lleva a diario por el centro. Le encanta quedarse en el sofá dormida mientras ven una peli por la noche. Y Mili, ai Mili. Ella es ternura pura. Siempre lleva una flor en la cabeza y le preocupa mucho no poder ir a la peluquería.

Daniel pasa muchos ratos con ellas. Es una persona coherente, amable y tranquila. Le encanta dibujar copiando ilustraciones y les da un toque muy entrañable. Antonio, en cambio, prefiere escuchar música. Echa de menos a su mujer, con la que conviven en la misma residencia. Cuando se llaman por teléfono le tengo que avisar que baje la voz, siempre le digo que en otra vida ha sido pregonero.

Después de la merienda estamos en la mesa dibujando. Antonio llama a su mujer y escuchamos:

-Cuando salga de aquí te voy a hacer 50 hijos!!!!!

Y todos nos echamos a reir.

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