Deberían haberme saltado las alarmas. De hecho, lo hicieron a través de eso que se llama intuición pero como estoy hastiada del rollo espiritual pues últimamente no le hago caso ni a mis pensamientos. Y así me va.
Conoces a un tío. Le gustan los perros. Sabe que tienes una chucha. Pero no te pregunta ni como es, ni como se llama. Pero le gustan los perros. Él va y viene, va y viene. Habla, pero se preocupa poco por conocerte. Conocerte de verdad. Te dice de quedar pero siempre tiene mil cosas que hacer antes que buscar un hueco para verte (descubrir la vacuna del Covid, del SIDA y de la estupidez, normal que no tenga tiempo). Y al final apartas la vista y propósito y metes al muchacho en el cajón de «Perdida de tiempo». Otro más. Y no pasa nada. Pero pienso por un momento en algún libro que me hubiera podido leer en vez de teclear estupideces que resulta que no me iban a beneficiar en nada.
Pero ayer recibí una luz divina. Con un post de Instagram de las chicas de GirlyGirlMag. Porque resulta que lo qué había estado haciendo el ente en cuestión tenia nombre: Bread Cumbing. Y el reunía absolutamente TODOS los puntos de la exposición. Lancé una exclamación al aire y me puse a enviar frenéticamente el post a mis amigas que respondían en modo flash, «Ostia! Describe al cretino ese a la perfección!
Y luego lees los comentarios de la publicación y te das cuenta de que no eres la única. Y aunque se plantee que el Bread Cumbing puede ser positivo si los dos juegan a lo mismo, en realidad la distracción está desequilibrada. Y definitivamente lo que se está haciendo es marear. ¿Pero qué beneficio obtiene el que aturde? ¿Subir su autoestima? ¿Meterle esteroides al ego? ¿Y todo esto jodiendo a otro?
Pues que se vayan a tomar por saco todos un rato, que va a subir el pan.
A MÍ YA ME IBA MAL DE ANTES (Aiko el grupo)
